Patrimonio Arqueológico
Patrimonio arqueológico de
Tapia de Casariego
Tapia de Casariego es un tesoro de patrimonio arqueológico que ofrece una fascinante mirada a la historia antigua de la región. Desde asentamientos castreños hasta vestigios de la minería romana, la rica herencia arqueológica de Tapia de Casariego invita a los visitantes a explorar y descubrir su pasado.
Castros
Castros de Tapia de Casariego
Tapia de Casariego alberga once asentamientos castreños, vestigios de las antiguas culturas
que poblaron la región. Estos castros se distribuyen tanto en la línea de costa como en el
interior del municipio, ofreciendo una visión completa de la influencia de la cultura castreña en
la zona.
Cultura y sociedad castreña
La cultura castreña abarca el conjunto de manifestaciones culturales, económicas y sociales de las comunidades del noroeste de la Península Ibérica entre los siglos VIII a.C. y II d.C.
Aproximadamente a finales de la Edad del Bronce, los habitantes comenzaron a establecerse en poblados fortificados, denominados castros, situados en lugares naturalmente defendibles como promontorios o penínsulas costeras. El yacimiento más antiguo en Asturias es El Picón de La Coroza, fundado cerca del siglo VIII a.C. Los castros permanecieron habitados durante toda la Edad del Hierro y parte del periodo romano, siendo abandonados mayormente a partir del siglo II d.C.
En Asturias se conocen más de 400 castros, incluyendo al menos once en el concejo de Tapia de Casariego, como El Castelo de Calambre. Estos asentamientos solían tener potentes defensas naturales y artificiales, como fosos y murallas de piedra. Las viviendas en su interior se adaptaban al terreno y variaban en tamaño.
La sociedad castreña, basada en la familia y la comunidad, carecía de una estratificación social rígida. Las mujeres desempeñaban un papel crucial en la agricultura, mientras que los hombres se encargaban de los bienes muebles. La estructura social se organizaba en torno a la familia extendida y el clan. Aunque los castreños no dejaron necrópolis claras, es posible que sus rituales funerarios incluyeran la exposición de cadáveres a la naturaleza o cremaciones.
Los castros también estaban relacionados con la minería, especialmente del cobre y oro, aunque la mayoría fueron fundados antes de la introducción de la minería romana. La metalurgia y el comercio también desempeñaron un papel importante, con intercambios marítimos que trajeron productos y influencias de otras culturas.
La agricultura y ganadería eran fundamentales en la economía castreña, con cultivo de cereales y cría de ganado mayor, mientras que la cerámica castreña, principalmente para almacenaje y cocina, refleja un cambio significativo con la llegada del periodo romano, introduciendo nuevos tipos de cerámica y productos de lujo. A medida que los castros fueron abandonados, el registro arqueológico se centra en los restos materiales, principalmente cerámica, con un notable cambio hacia productos más elaborados en la época romana.
Castros en
el interior
El Picón
Las Coronas
Castrovaselle
Castillos de Pereira
El Corcovón
MÁS
INFORMACIÓN
Minería de oro romana
en Salave
Aunque ya se extraía oro desde la época castreña, es tras la conquista romana (siglos I-III d.C.) cuando la actividad se practica a gran escala en el noroeste de la Península.
En el occidente asturiano existen tres cinturones de oro – el de Oscos, el del Narcea y el de Navelgas – relacionados con una una serie de profundas fallas en el terreno. Por ellas ascendió el magma del interior de la Tierra, originando la mineralización de oro y otros metales. Así se formó el oro de Salave, que pertenece al cinturón de oro de los Oscos.
Para extraer el oro, los romanos utilizaban la técnica del ruina montium – derrumbe de los montes – que consistía en demoler el terreno utilizando la presión del agua al circular por canales y galerías excavadas a tal efecto. Sólo el sistema de canales de captación de agua de Salave recorría casi 20 Km, desde el río Porcía. Además, la retirada de material creó en Salave una depresión de más de 30 m de profundidad.
Se calcula que trabajaban en esta mina unas 200 personas, la mayoría pobladores libres de los castros cercanos. De la logística y la ingeniería minera se ocupaban los soldados y otros funcionarios, de la administración.
Los romanos dejaron de extraer oro no por agotamiento del mismo, sino por el encarecimiento de la mano de obra y por la quiebra del sistema monetario romano.
Con el tiempo, los restos mineros acumularon agua, formándose los Lagos de Silva, también conocidos como Lagunas de Salave. Estos espacios cuentan con gran valor biológico por ser uno de los pocos humedales que existen en Asturias y por las especies de flora y fauna presentes, como la milhojas de agua que no aparece en ningún otro lugar de la región.
Esta mina es uno de los pocos ejemplos conocidos de minería aurífera romana en la costa ibérica y el yacimiento de oro que esconde es considerado el mayor de Europa Occidental.

